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¿La anorexia tiene tratamiento?

Sí, tiene tratamiento, pero este es un proceso largo y difícil en el que tiene que implicarse toda la familia. El tratamiento debe incluir cuidados médicos, rehabilitación nutricional, terapia psicológica individual y grupal, terapia familiar y medicación. El equipo es multidisciplinar e incluye médico o pediatra, nutricionista y psicólogo. Es conveniente que además reciba ayuda de un psiquiatra y un ginecólogo.

El tratamiento requiere: Recuperar el peso. Tratar las complicaciones físicas. Incrementar la motivación para que acepte el tratamiento de forma voluntaria. Proporcionar información nutricional. Enseñar a comer. Corregir los pensamientos, actitudes y sentimientos relacionados con la imagen corporal. Incrementar la autoestima. Educar y apoyar a la familia para cambiar las relaciones que mantienen la patología. Prevenir las recaídas.

La familia debe rechazar tanto los tratamientos que no incluyen la resolución de los comportamientos alimentarios yel ejercicio excesivo, como aquellos que no resuelven los problemas cognitivos, emocionales y relacionales asociados.

¿Dónde debe realizarse el tratamiento para la anorexia?

El lugar y la intensidad del tratamiento depende de los síntomas y la gravedad del trastorno. La mayoría de las pacientes pueden ser tratadas de forma ambulatoria. Otras necesitan una atención más intensiva y requieren tratamiento en hospital de día, el cual proporciona un medio estructurado pero permite al paciente vivir en su casa y, en algunos casos, seguir yendo al colegio o al trabajo. El ingreso proporciona un ambiente muy estructurado que les ayuda a recuperar la salud. La decisión de hospitalizar debe basarse en factores médicos y psíquicos delimitados por los profesionales y nunca como amenaza de los familiares: “si no comes; si sigues vomitando, te ingreso”.

¿Qué hacer si mi hija/o padece anorexia? ¿Tiene mi hijo/a Anorexia?

Asumir las reacciones inevitables y aprender a manejarlas:

Los familiares, al presentir la existencia de una Anorexia, experimentan una variedad de emociones turbulentas e inevitables cuya inadecuada resolución puede entorpecer la percepción del trastorno o dificultar la colaboración en el proceso de recuperación de su hija. Desde su negación: “eres una exagerada, ves problemas donde no los hay”, “No pasa nada, soy yo que me preocupo por todo”, hasta la desesperación y la agresividad más extremadas. Producto del miedo que generan los trastornos, de nada sirve echarse la culpa o echársela al cónyuge: (“como no me di cuenta antes”; “Tu familia ha estado siempre preocupada por la gordura; Tú has estado metiendo siempre a las chicas que sacaran buenas notas… hicieran deporte… etc.” “Tú eres la que te empeñaste que se fuera a EE.UU. a estudiar”).

Comprender el trastorno y Evitar las peleas:

Para actuar con sensatez, tienen que comprender que la hija/o no está realizando este tipo de conductas porque le da la gana, sino porque son las únicas que tiene para afrontar su propia angustia ante la vida. Expresarle su preocupación por los cambios que le observan, sin que ello suponga criticarla u obligarle a confesar el trastorno. Es necesario evitar las peleas, las súplicas y los llantos pues solo sirven para aumentar la tensión. No le hagas sentir que es mala o agresiva y no se te ocurra decir que lo hace porque quiere o que todo se pasa con un buen bocadillo o “dos tortas bien dadas” porque se cerrará en banda. Una vez que hayas expresado tu preocupación, tienes que darle la oportunidad de expresar su propia apreciación de la situación, sin interrumpir su discurso ni acusarle de no decir la verdad.

 Efectuar una consulta familiar conjunta:

Conviene, con su consentimiento, acudir a un especialista que ayude a toda la familia a solventar las discrepancias de opinión (“Hija estás enferma tienes que ponerte en tratamiento”, “A mí no me pasa nada, sois unos exagerados”), acerca de la necesidad de recibir tratamiento para sus problemas. Su respuesta más frecuente será negar la situación y rechazar la ayuda. Es positivo hablarle de las ventajas de recuperarse y llevar una vida normal, sin intentar imponer nuestras ideas.

Manipular para que tu hija acepte un tratamiento no es lo mejor ya que nada cambiará hasta que ella admita que tiene un problema y consienta la ayuda.

¿Qué hacer si admite el tratamiento?

Ayuda seguir estos consejos aunque sean difíciles de conseguir: Colabora con las medidas que prescribe alimentacionel equipo, sin boicotearlas ni implicarte en exceso. No te conviertas en su consejera nutricional porque creará resentimiento y distanciamiento relacional. Reorganiza la comida de casa para que sea nutritiva, gustosa, estructurada en un horario y un lugar. No le permitas que decida cuando, qué y dónde comer, no tiene que controlar todo en todo momento. Elude los comentarios y miradas a lo que come y cómo lo come. No pierdas tu tiempo diciéndole que no está gorda, no la vas a convencer; así que evita largas conversaciones sobre comida, peso y calorías, aunque sea ella la que empiece la conversación. No le digas que tiene que coger peso porque se asustará más. Si se encuentran restos de vómitos, no ha- gas como que no lo has visto y exige que se responsabilice de limpiar lo que ha ensuciado. No permitas que en casa haya báscula, laxantes o pastillas adelgazantes.

■ Facilita su desarrollo y autonomía personal:

Deja que tome decisiones, aunque sean equivocadas; todos hemos aprendido de nuestros errores.

Apoya sus cambios en su habitación, forma de vestir, e incluso en los estudios o profesión.

Acepta sus límites para el cambio y mantén unas expectativas razonables para no aumentar su sensación de incapacidad.

Respeta su intimidad y la de los demás miembros de la familia.

■ Aprende a expresar y manejar tus emociones:

Tanto positivas como negativas. Las emociones son parte integrante de nuestra vida. Las personas que controlan estas emociones se enferman o caen en depresión. Expresa tu tristeza o tu enfado antes de explotar, pero hazlo de forma que los demás entiendan lo que te ocurre.

Asume las discrepancias de opinión como algo normal y enriquecedor para la familia. Imponer nuestra opinión sitúa al otro en una situación de indefensión que le llevará a dejarse abusar por los demás y a no defender sus derechos más elementales.

■ Acepta tu propia imagen corporal y la de tu familia y no quieras cambiar la predisposición genética:

Unas personas están destinadas a pesar más que otras o tener un cuerpo más grande. Cuida el cuerpo para mantenerlo sano pero sin hacer dietas.

Desarrolla para ti y tus hijos un sentido del yo único, con confianza en sí mismo, conectado con otros en el cuidado y la comprensión.

Cuida el cuerpo para mantenerlo sano pero sin hacer dietas. Combate el pesimismo eliminando la comparación de superioridad o inferioridad por la apariencia corporal.

¿Qué hacer si se niega a acudir a tratamiento contra la anorexia?

Si la hija/o es menor de 18 años se debe buscar ayuda profesional inmediatamente ya que los padres tienen la responsabilidad legal y moral de cuidar del hijo y ayudarle en sus necesidades. Si el profesional recomienda hospitalización, es necesario aceptarlo a pesar de su llanto, rabietas o promesas de que ya va a comer otra vez.

Si la hija/o es mayor de edad se puede acudir a un profesional o una Asociación de enfermos donde se reciban consejos de cómo cambiar esta negativa. Si la situación física o psíquica es grave es necesario el dictamen de un juez. Sin embargo, no conviene abusar de esta medida, ni amenazar con ella ya que, a veces, las consecuencias de este forzamiento son muy negativas. La paciente se niega a colaborar y hace el tratamiento imposible debido a la agresividad producida por el control al margen de su voluntad a la que se la ha sometido.

 

Desde EnMente Psicólogos contamos con expertos en trastornos de la conducta alimentaria que le ayudarán y orientarán durante todo el tratamiento de la anorexia. Consulta con tu psicólogo en Madrid.
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Somos un gabinete de Psicólogos en Madrid especializados en trastornos de conducta, problemas de pareja, tratamiento de la depresión, trastorno obsesivo compulsivo (TOC), estrés postraumático, déficit de atención (TDAH), educación emocional, adicciones y trastornos de alimentación.

4 Comments

  1. Carmen Sánchez dice:

    Gracias EnMente, de nuevo otro tema lamentablemente de actualidad.

  2. Lydia Chao dice:

    Gracias al equipo de Enmente por el post sobre este tema que a veces tratamos como tabú y no queremos hablar de ello por si eso pudiese empeorar las cosas. Gracias por las herramientas para controlar las emociones de la familia. Siempre dais en el clavo

    • EnMente - Psicólogos en Madrid dice:

      Muchas gracias Lydia por tu interés y comentario. Has hecho hincapié en un punto clave: las emociones. Es fundamental conocer las herramientas para actuar en estos casos antes de que la situación se agrave.
      Un fuerte abrazo.

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