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Los trastornos de conducta en niños y adolescentes se están convirtiendo en una fuente de preocupación para familias, escuelas y para la sociedad en general. Si buscamos en internet (fuente máxima de sabiduría hoy en día) definiciones  e información sobre estos trastornos psicológicos encontraremos cosas como:

“Conjunto de conductas que implican la oposición a normas sociales y a los avisos de las figuras de autoridad, cuya consecuencia más destacada es el fastidio o la perturbación de la convivencia con otras personas”

“Aparecen cuando los niños o adolescentes tienen que cumplir ciertas normas y someterse a cierto grado de disciplina que les suponga no conseguir la satisfacción inmediata.”

Estas definiciones, que luego se traducen en síntomas como conducta desafiante, vengativa, provocadora…, se evalúan en relación a la edad y el desarrollo cognitivo del niño/a.

Las conductas de oposición

Es muy importante tener en cuenta que las conductas de oposición (negarse a hacer lo que se le pide, tirar los juguetes o enfadarse) son necesarias y muy importantes para el desarrollo: influyen en la formación de la propia identidad, en la adquisición de habilidades de autocontrol, en el sentimiento de manejo que uno tiene de las situaciones y en el desarrollo de su autoestima.

Por otra parte, es cierto que hay niños y niñas en los que la frecuencia o intensidad de sus emociones (o de sus reacciones) está muy por encima de lo que podría considerarse normal para su edad o grupo de referencia. Pero antes de poner una etiqueta (cómo nos gusta eso de poner nombrecitos y etiquetas a todo) habría que plantearse los motivos que han llevado al niño/a a necesitar expresarse así.

No olvidemos que no hablamos de adultos, eso es tema aparte. Hablamos de niños que van aprendiendo de lo que ven, que van descubriendo que sienten cosas, que van tomando conciencia de sus capacidades y que alguien tiene que decirles cómo se llama eso que sienten y qué tienen que hacer con ello. Para profundizar en cómo hacer esto os invito a echar un ojo al artículo sobre educación emocional.

Además, como todos sabemos, la sociedad vive acelerada y es cada vez más exigente. Cada vez resulta más difícil posponer la satisfacción inmediata cuando lo que nos rodea es una inmediatez vertiginosa. No se educa en la paciencia ni en el respeto. No se enseña que hay cosas que requieren tiempo y dedicación (estudiar, aprender, forjar una amistad, recoger la habitación). No se da importancia ni se educa en las emociones. Y luego nos sorprende que los niños se rebelen.

“La promesa de la píldora de la felicidad es coetánea al discurso en el que estamos inmersos: máxima productividad, plazos marcados, objetivos a cumplir, óptimos resultados…y todo eso se traslada también a la vida infantil”

Tratamiento de los trastornos de conducta

El abordaje de los trastornos de conducta suele ser un reto: se presentan dificultades en distintos ámbitos, las situaciones y problemas a trabajar son complejos. Las intervenciones requieren de la cooperación de los/as niños/as, los adultos implicados y el centro escolar, entre otros. Todo un engranaje de medidas, intervenciones y trabajo coordinado generalmente por el psicólogo. tratamiento_ninos

Sin embargo, el tratamiento supone una oportunidad para el cambio, una mejora en el bienestar tanto del niño/a como de los compañeros y adultos que conviven con él/ella. 

Lo primero y más importante que tendrá que hacer el profesional es escuchar al niño/a y preguntarse qué está pasando para que necesite expresarse así. Eso supone entender tanto el funcionamiento familiar como el escolar.

Los objetivos del tratamiento se valoran y establecen en cada caso pero, en general, suelen establecerse por ambientes:

  • A nivel familiar: habrá entender el funcionamiento para introducir cambios en la dinámica familiar y mejorar la comunicación entre sus miembros.
  • En el contexto escolar: se trata de potenciar las habilidades comunicativas del profesorado en las relaciones con los alumnos y de aumentar la formación en la identificación y manejo de problemas de conducta.
  • Individualmente: los objetivos irán encaminados a mejorar las habilidades comunicativas, aumentar la competencia del niño/a para resolver sus propios problemas y proporcionar una educación emocional en la que se trabajen paralelamente las conductas impulsivas.

Prevención de los trastornos de conducta

En el nivel preventivo son necesarios programas dirigidos tanto a padres como en el ámbito escolar. Los objetivos siempre van encaminados a mejorar el autocontrol, prevenir la violencia, proporcionar estrategias adecuadas para la resolución de conflictos, mejorar la competencia social y escolar, incrementar la tolerancia y el respeto a la diversidad.

En definitiva, facilitar un entorno sano y acogedor prestando atención a la educación emocional del niño/a.

EnMente
EnMente
En EnMente nos preocupamos del bienestar emocional de nuestros pacientes intentando reducir el impacto de las dificultades emocionales y conductuales en su vida cotidiana. Conociendo las estrategias adecuadas ante la sintomatología particular de cada caso, fomentamos en la persona la capacidad de gestionar de manera más saludable su problemática actual.

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