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Trastorno-alimentario-anorexia

Queremos compartir un testimonio en primera persona de una chica que pasó por una anorexia y que, después de un largo tratamiento, ha querido contar su historia a los seguidores de EnMente.

Testimonio de una anorexia

Me llamo Lucía y quiero contar mi historia. No sé si le interesará a alguien pero, como en muchos casos, la realidad es mucho más dura que la ficción y que lo que la gente cree saber.

Tengo 25 años y llevo con anorexia desde los 16, solo los últimos 9 años de mi vida. He perdido la cuenta de la cantidad de veces que me han preguntado cómo empezó o cómo empecé. Supongo que empecé yo pero después me perdí, la enfermedad cogió fuerza y muchas cosas sucedieron sin mi control (casi diría que fuera de mi voluntad).

Yo era una chica normal, que iba a un instituto normal, con una familia más o menos normal, como todas. Nada destacable, mi padre que trabaja mucho y no suele estar por casa, mi madre que siempre ha cuidado de mi hermana pequeña y de mí, y mi hermana Rocío a la que le saco 5 años, un terremoto lleno de vida.

A mis 16 años tenía amigas, ni muchas ni pocas, pero sí muy buenas. Los estudios se me daban relativamente bien, con medias de 8. Podría decirse que tenía una vida normal, con mis torneos y entrenamientos de tenis, mis estudios y poco más. Salía de cuando en cuando con la gente del instituto y, aunque mis amigas ya empezaban, yo aún no había tenido ningún noviete.

No sé qué pasó ese año. Es cierto que yo me desarrollé bastante pronto, siempre he sido grandota y eso me valía algún que otro comentario inapropiado por parte de los chicos. Pero sin más. A mitad de 4º de la ESO me empecé a tomar más en serio el tenis. Entrenaba tres días en semana y daba clases a niños los otros dos días. Los días que entrenaba solía llegar a casa tarde y sin hambre, no por nada, hay gente a la que hacer deporte le da hambre, a mi me la quita. Así que muchas veces no cenaba. Bebía mucha agua cuando llegaba a casa y poco más. Perdí algo de peso y, no nos engañemos, empecé a sentirme mejor conmigo misma. Mis amigas me decían que me veían más guapa, más alegre y yo me animé a hacer una dieta. Por el deporte que tenía unas patorras importantes y no había manera de quitármelas.

Según me han dicho después, durante ese verano se me fue de las manos. Cuando empecé 1ºbachillerato había pegado un importante cambio físico pero ahí seguían mis patorras de tenista. Los chicos empezaron a fijarse en mí y mis amigas a preguntarme cómo lo había hecho para hacerlo ellas igual. Me había obsesionado bastante con mi físico, me pesaba a diario, me saltaba todas las cenas y desayunos. Lo que comía siempre era sano y mientras había instituto yo comía siempre sola en casa así que hacía lo que quería.

Durante los dos años de bachillerato mi relación con mi hermana se había vuelto muy mala. No soportaba que mis padres se metieran en mi vida, había perdido algunas amistades y logrado subir la nota media al 9. Sentía que hacía un sobreesfuerzo diario por mantener mi ritmo de vida, las exigencias del curso, la media, los chicos, algunas fiestas en las que me permitía algún descontrol de alcohol que luego me pasaba semanas pagando

Psicologo-anorexiaEn un momento dado me empezó a costar estudiar, me sentía floja en ocasiones, tuve algún desmayo que justificaba por la falta de sueño, me enfadaba por cualquier cosa y tenía constantes movidas con mi novio Juan y mi mejor amiga. Estuve así hasta la selectividad de 2º de bachillerato. Sentía que el mundo estaba en mi contra, de pronto no podía evitar llorar y no quería saber nada de nadie. Me daba vergüenza que me vieran así.

Fue mi hermana la que hizo saltar la situación justo antes de los exámenes de selectividad (¡qué apropiado momento!). Una mocosa de 13 años en plena edad del pavo me soltó un día entre gritos y lágrimas que no entendía por qué había cambiado tanto, por qué odiaba a todo el mundo y me odiaba a mí misma. Convenció a mi madre de que yo no estaba bien y, a mis espaldas, escribió a Juan para preguntarle si sabía lo que me pasaba.

Por supuesto que todos habíamos oído hablar de la anorexia y la bulimia, las chicas que no comen o que vomitan, pero nadie te cuenta que esta enfermedad se desarrolla silenciosamente mientras tú haces tu vida normal. Siempre pensamos en chicas populares con mucha presión familiar por ser perfectas, en modelos o cosas así. No era mi caso para nada.

Después de eso todo sucedió como en una película muda. El médico de cabecera, el psiquiatra, otro psiquiatra ya especialista en el tema y la medicación. Mi rotunda negativa, la certeza de que todos habían perdido el juicio, que a mi no me pasaba nada, que se habían obsesionado con el tema porque a mi hermana le dieron una charlita en el cole. La psicóloga, su insistencia en preguntarme cosas, mi mal humor generalizado, el enfado con el mundo. El psiquiatra no me dejó hacer la selectividad. Nada tenía sentido.

Creo que estuve un año entero tocando fondo. Lo dejé con mi novio, me alejé de todos, me vine abajo. Cuando cumplí los 19 años por fin lo entendí: eso era tener anorexia, la ceguera, la ira hacia mi misma y hacia los demás, la obsesión irrefrenable hacia la comida y mi cuerpo. No era consciente realmente de cómo estaba físicamente ni de la cabeza. La mente te engaña y no te deja ver.

La medicación ayuda, eso es así. Al principio odiaba al psiquiatra. Me decía constantemente “cuanto antes lo asumas, mejor, tienes un trastorno de la conducta alimentaria, tienes anorexia”; ahora me parece un viejete encantador. La psicóloga me ha visto pasar por todos los estados, la odiaba al principio, me decía cosas absurdas que yo no me creía pero me acompañó, me ayudó a ver y a entender por lo que estaba pasando.

No ha sido un camino de rosas pero, con los años (sí, he dicho años), he hecho las paces con la comida y con mi cuerpo (y con mi hermana de paso). No puedo relajarme del todo, a pesar del tiempo que ha pasado he de permanecer alerta ya que conozco mis debilidades.

Con todo esto quiero llegar a dos conclusiones:

A ti, que tienes anorexia pero no lo sabes (o no quieres saberlo), que no te encuentras bien, que estas enfadada con el mundo, que sientes que las cosas no van bien… no te fíes de ti ni te fíes del espejo, fíate de lo que te reflejan las personas que te quieren.

A ti, madre, padre, amigo/a, novio/a, hermano/a, que tienes cerca alguien que te preocupa. Aunque no sepas lo que le pasa, aunque temas equivocarte o hacerle daño, no te alejes. Lucha porque busque ayuda. Pregunta a un médico o a un psicólogo. No te quedes parado/a.

Desde EnMente Psicólogos nos encanta recibir testimonios así. GRACIAS.

Nosotros podemos escribir artículos desde la psicología en los que informar sobre qué es la anorexia y cómo actuar ante un caso de anorexia, pero un texto en primera persona recoge mejor los aspectos menos conocidos de esta enfermedad.

Gracias Lucía por confiar tanto en EnMente Psicólogos.

EnMente
EnMente
En EnMente nos preocupamos del bienestar emocional de nuestros pacientes intentando reducir el impacto de las dificultades emocionales y conductuales en su vida cotidiana. Conociendo las estrategias adecuadas ante la sintomatología particular de cada caso, fomentamos en la persona la capacidad de gestionar de manera más saludable su problemática actual.

2 Comments

  1. Carmen Sánchez Sevillano dice:

    Que duro! la verdad es que un testimonio así…. te toca. No sé qué decir pero me deja mucho que pensar.
    Gracias por tu valentía Lucía y gracias a enMente.

    • EnMente dice:

      Muchas gracias a ti Carmen por compartir la experiencia y animar a Lucía. Nos alegramos de que se reconozca su valentía al escribir su testimonio. Un abrazo

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